Un viajecito, una casita, un articulito sobre diminutivitos…

Hoy toca hablar sobre morfología. El nuevo anuncio de La Primitiva es la excusa perfecta para hacerlo. Me encanta que los publicistas aprovechen, con conocimiento de causa, los recursos de nuestra lengua para realizar sus anuncios y vendernos sus productos. De alguna manera, también nos están formando, aunque sea de forma superficial o anecdótica, en cuestiones de lengua. De hecho, no hace mucho tiempo también se podía ver en televisión otro spot de Publicis, en este caso para Bankia, sobre los hipocorísticos (aquí os dejo el enlace al artículo en el que hablo sobre los hipocorísticos).

La morfología es la parte de la gramática que estudia la estructura de las palabras. Sabéis que hay varios tipos de palabras: simples, si están formadas por un lexema o raíz (casa, pan); derivadas, si además de raíz llevan sufijos o prefijos (pretender, perrito) y compuestas, si están formadas por más de un lexema o raíz (bocacalle, rascacielos). Me interesa recalcar las derivadas porque el nuevo anuncio de Loterías y Apuestas del Estado juega con un tipo de sufijo: el sufijo diminutivo. Aquí os dejo el spotito para ver si os animáis a leer este articulito:

Los sufijos diminutivos son una clase de afijo o morfema, es decir, la unidad mínima de significado en una palabra. Los afijos se clasifican según su posición en la palabra:

– prefijo: afijo que se antepone al lexema o raíz (insos-ten-i-ble)

– sufijo: afijo que se sitúa detrás del lexema o raíz (perr-it-o)

– infijo: afijo que se incrusta en el lexema seccionándolo en dos (azuqu-ít-ar)

– interfijo: afijo que permite la unión de un sufijo a la base de una palabra  (lech-ec-ita)

Pero volvamos a los sufijos, es decir, a los afijos que van después de la raíz de una palabra. Hay de muchos tipos. Pueden indican cualidad (tonte-ría), origen o procedencia (asturi-ana, rioj-ano), instrumento (rega-dera), actitud (ego-ísmo), acción o efecto (revel-ado,  patin-aje, cac-ería), colectividad (profesor-ado, instrument-al), profesión (mod-ista, peluqu-ero). Todos estos sufijos son obligatorios. Sin ellos, las palabras no tienen sentido. Sin embargo, hay otros sufijos que no son obligatorios. A estos se les llama potestativos y aquí es donde, precisamente, entran los diminutivos, junto con los aumentativos (grand-ón) y los despectivos (pequeñ-ajo).

Un viajecito, una casita, un deportivito, un barquito, un avioncito, una motito, una piscinita, una fuentecita, un campito de fútbol, un atiquito, un diamantito, un parquecito de atraccioncitas, una mansioncita, un globito aerostatiquito, una vueltecita al mundito. Por muchos diminutivos que les pongas, tus sueños no van a ser más baratos. Así reza el susodicho anuncio. A mí me parece divertido, aunque la otra lectura (la consumista y materialista) también esté presente. Pero en ese debate no entro. Me parece interesante porque con el uso del sufijo diminuto -ito, -ita, un sufijo que indica, en la teoría, disminución de tamaño en el objeto designado y que puede tener distintos valores (desde el afectivo –abuelito-, hasta el de ternura o compasión-gatito-, deseo o anhelo-viajecito– o intensificación-limpito-), queda claro que aquí adquiere otro significado: una mansioncita, precisamente por no ser pequeña, no es barata. Por tanto, nos encontramos con unos diminutivos que no designan exactamente la idea de pequeñez, sino de todo lo contrario. Sin embargo, al usar el diminutivo, el hablante sí le quita importancia a lo que desea, frivoliza de alguna manera, como diciendo: Si me tocara la lotería, con el dinero que me toque, como será tanto, me compraría, no sé… una mansioncita, por ejemplo. 

En el anuncio utilizan los sufijos más comunes (-ito, -ita), pero también hay otros, que se usan más o menos en función de la zona dialectal: –illo/a (chiquillo), -ete/a (guapete), –uelo/e (tontuelo), -ín/a (pobrín), -uco/a (casuca), -ico/a (ratico). Ya he recalcado que estos sufijos no son necesarios, ya que las palabras siguen teniendo sentido sin ellos. No obstante, cuando una palabra con un sufijo diminutivo adquiere un nuevo significado, el sufijo se convierte en obligatorio. Así, se produce una lexicalización: se crea un nuevo término que aparecerá en el diccionario. Ejemplos de diminutivos lexicalizados son: mesilla, manitas o manzanilla.

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